Cosas que hacen que el aire no te llegue hasta el pecho. Que te sacan el hambre. Que hacen que te sientas medio pelotuda porque sabés que quizás no sea tan grave, e igual tengas que fingir seguridad y optimismo cuando tenés un nudo en la garganta. Cosas que no te dejan pensar con mucha claridad en nada. Que te sacan a "desempolvar el disfraz de valiente". Que te traen a la cabeza imágenes que pensabas que habías enterrado. Cosas que hacen que sepas que podés y querés cuidar a alguien de la manera en que ese alguien te cuidó tantas veces a vos. Cosas que hacen que sepas que podés aparentar ser de fierro aunque tengas un cagazo macho. Cosas feas.
Cosas que te dan eso que no podés decir.
¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos?
E. Galeano
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jueves, marzo 01, 2012
domingo, septiembre 11, 2011
Represiones
Todos tenemos una lista de cosas en las que no tenemos que
pensar. Aunque sabemos que pasaron, cuándo e incluso cómo, las mantenemos
envueltas una cajita, adentro de una caja que está metida en otra caja más
grande, que a su vez está escondida en un baúl cerrado con una llave que
tiramos en algún lugar en el que sabemos que es posible que nos olvidemos que
está. Y así es mejor. Porque esas cosas nos producen emociones y nos traen
recuerdos que no sabemos como manejar, ya sea porque nos llenan de enojo, porque
son simplemente feos, o porque todavía no podemos tragarnos las lágrimas cuando
aparecen.
Hoy agregué a esa lista, que me tiraron los bulbos –todos,
toditos- de las fresias que encontré con mi viejo cuando tenía doce años en la
vereda de la casa de mi abuela. Esas fresias que con mi otra abuela saqué y
replanté cada año hasta la primavera pasada, y que eran más hermosas y
perfumadas que cualquier otra fresia que hubiese olido nunca.
sábado, julio 30, 2011
Re-cordis
Dos semanas y todavía no me hago a la idea.
Quince días y sigo sin asimilarlo.
Y aunque no sepa cómo hablar del tema, y sienta que éste no es el espacio, necesito mencionarlo, porque no me surge escribir sobre otras cosas, porque me hace falta sacarlo del pecho.
Nunca pude con la idea de esa ausencia. No me entra en la cabeza esto de estar y de repente, no estar más.
Pero con vos es increíblemente más difícil.
No entiendo que no estés, amigo.
Quince días y sigo sin asimilarlo.
Y aunque no sepa cómo hablar del tema, y sienta que éste no es el espacio, necesito mencionarlo, porque no me surge escribir sobre otras cosas, porque me hace falta sacarlo del pecho.
Nunca pude con la idea de esa ausencia. No me entra en la cabeza esto de estar y de repente, no estar más.
Pero con vos es increíblemente más difícil.
No entiendo que no estés, amigo.
Chocolate con
Algo que salió así,
Esto no,
Intentando hablar en serio
miércoles, marzo 23, 2011
"Y ahora que he caído al fondo de una piscina
que ni una gotita de agua tenía
voy a recoger mis alitas rotas
y las pegaré trocito a trozo y volaré.
Yo soy una montaña rusa que sube que baja
que ríe, que calla, confusa me dejo de llevar, llevar
por lo que los días me quieran mostrar..."
Me quedé esperando. Y me encontré al lado tuyo sintiéndome solísima.
Porque acá no pasó nada.
martes, febrero 15, 2011
No te confundas
- son es pas mos
después del adiós.
Chocolate con
Escuchame una cosita Eli,
Esto no,
Fuck,
MúsicaMúsicaMúsica,
Sincericidio
domingo, febrero 06, 2011
Insomnio
Estás soñando.
Hay viento, mucho viento. De ese que siempre te provocó un miedo irracional. Uno que no te deja cerrar la puerta que tenés enfrente. Y empujás con toda tu fuerza y buscás más y más trabas para asegurarla y que no vuelva a abrirse.
Las nubes empiezan a acumularse, plomizas y densas. Sabés lo inminente de la lluvia que empuja por salir, liberarse con fuerza y a cántaros.
Un par de gotas escasas ya te mojan la cara. Y las siguen unas pocas más. Y otras. Y un puñado más, y cuando te das cuenta estás despierta. El agua cae urgente y pesada. Tenés el pecho apretado de nubarrones oscuros, en tu cabeza truenan palabras que no te dejan volver a conciliar el sueño, no te permiten dejar de pensar. Solamente escuchás unas pocas palabras -y una canción-.
Mirás el reloj -el chaparrón no quiere parar-, son más de las cinco.
Sin saber exactamente cuánto tiempo pasó ves el sol meterse en tu habitación por las rendijas de la persiana. Pero seguís insomne, con la almohada sobre la cabeza, la respiración entrecortada y ese aguacero interminable de tus ojos que no quiere -no puede- parar.
Hay viento, mucho viento. De ese que siempre te provocó un miedo irracional. Uno que no te deja cerrar la puerta que tenés enfrente. Y empujás con toda tu fuerza y buscás más y más trabas para asegurarla y que no vuelva a abrirse.
Las nubes empiezan a acumularse, plomizas y densas. Sabés lo inminente de la lluvia que empuja por salir, liberarse con fuerza y a cántaros.
Un par de gotas escasas ya te mojan la cara. Y las siguen unas pocas más. Y otras. Y un puñado más, y cuando te das cuenta estás despierta. El agua cae urgente y pesada. Tenés el pecho apretado de nubarrones oscuros, en tu cabeza truenan palabras que no te dejan volver a conciliar el sueño, no te permiten dejar de pensar. Solamente escuchás unas pocas palabras -y una canción-.
Mirás el reloj -el chaparrón no quiere parar-, son más de las cinco.
Sin saber exactamente cuánto tiempo pasó ves el sol meterse en tu habitación por las rendijas de la persiana. Pero seguís insomne, con la almohada sobre la cabeza, la respiración entrecortada y ese aguacero interminable de tus ojos que no quiere -no puede- parar.
Chocolate con
De mi frondooooso inconsciente,
Esto no,
Fuck,
Sincericidio
jueves, octubre 28, 2010
Mi complejo de Conejo Blanco
Tengo un problema con el tiempo.
Más allá de mi antipatía por los relojes (y por la gente que vive pendiente de ellos).
Creo que es algo personal, yo tengo algo con el tiempo y el tiempo tiene algo conmigo.
Soy muy impuntual por ejemplo, lo saben mis familiares, lo saben mis amigos y mis meros conocidos.
No importa con cuánta anticipación organice algo, o con cuánto tiempo arranque, siempre estoy sobre la hora (o más bien bastante pasada). Salidas, clases, juntadas en casas, todo.
Pero no sólo se trata de los problemas con los horarios, porque puedo vivir con eso. Sí, me traerá alguna que otra complicación, pero puedo ponerle pilas y muchos despertadores y arreglarlo.
El problema principal es que siempre llego tarde a todo.
Llego tarde a lo que me dicen, y también tardo en responder.
Muchas veces tardé en llegar a lo que sentía, y muchas otras caí tarde en los sentimientos de otras personas.
Y eso es lo que no me banco, sobre todo la impuntualidad conmigo misma, porque me lleva a desfases con los demás.
Eso sí que es una mierda. Por más amplios que puedan ser los plazos que alguien te dé. O incluso si no te dan plazos (lo cual puede ser peor, porque no sabés cuándo vencen exactamente, pero sí estás segura de que no son eternos). Llegás tarde a lo que siempre estuvo ahí, y tenés que dejarlo donde está, así como lo encontraste, porque sabés que nada te da el derecho de hacer algo más.
Más allá de mi antipatía por los relojes (y por la gente que vive pendiente de ellos).
Creo que es algo personal, yo tengo algo con el tiempo y el tiempo tiene algo conmigo.
Soy muy impuntual por ejemplo, lo saben mis familiares, lo saben mis amigos y mis meros conocidos.
No importa con cuánta anticipación organice algo, o con cuánto tiempo arranque, siempre estoy sobre la hora (o más bien bastante pasada). Salidas, clases, juntadas en casas, todo.
Pero no sólo se trata de los problemas con los horarios, porque puedo vivir con eso. Sí, me traerá alguna que otra complicación, pero puedo ponerle pilas y muchos despertadores y arreglarlo.
El problema principal es que siempre llego tarde a todo.
Llego tarde a lo que me dicen, y también tardo en responder.
Muchas veces tardé en llegar a lo que sentía, y muchas otras caí tarde en los sentimientos de otras personas.
Y eso es lo que no me banco, sobre todo la impuntualidad conmigo misma, porque me lleva a desfases con los demás.
Eso sí que es una mierda. Por más amplios que puedan ser los plazos que alguien te dé. O incluso si no te dan plazos (lo cual puede ser peor, porque no sabés cuándo vencen exactamente, pero sí estás segura de que no son eternos). Llegás tarde a lo que siempre estuvo ahí, y tenés que dejarlo donde está, así como lo encontraste, porque sabés que nada te da el derecho de hacer algo más.
Chocolate con
De pronto FLASH,
Esto no,
Fuck,
Sincericidio,
Tenía que decírtelo
lunes, octubre 25, 2010
"Seguí derecho porque te pego un fierrazo"
Eso me dijo el infelíz que se me cruzó para robarme mientras volvía ayer a la mañana de un cumpleaños y a tres cuadras de mi casa.
Y sí, obvio, casi me meo del miedo, así que con una cara de pánico que el chabón pocas veces debe haber visto le dije "tomá, te doy mi celular, te doy la cartera, dejame sacar las llaves nada más...", a lo que el tipo me contestó casi compasivo (JÁ. sí, seguro) "No, no, dejá, el celular nada más".
Acto seguido le di el artefactito, me dí media vuelta y con las piernas flojitas, llorando como una boluda, hiperventilando y con el corazón que se me salía del pecho seguí caminando hasta la panadería que estaba a una cuadra. Entré, pedí un vaso de agua, me senté hasta estar segura de que si me paraba no me iba a caer y seguí las dos cuadras que me quedaban hasta casa.
Puedo haber sobre-reaccionado, pero el que me haya dicho "seguí derecho" y no "dame el celular" o "dame (cualquier cosa)" hizo que se me pasaran 20 millones de cosas por la cabeza, una peor que la otra.
Ahora lo pienso y el flaco no debía tener ni un palito en el bolsillo, lo que me llena de bronca. Pero lo que más me jode es que un pendejo de mierda (porque más de 25 no tenía), un forro que no tiene mejor cosa que hacer que buscar lo más fácil (porque ¿qué más fácil hay que una piba sola, con mi cara de boluda y poco más de metro y medio de altura?) para conseguirse un celular o lo que mierda sea que quiera (porque como "necesitar", no parecía que necesitara nada) me haga sentirme insegura en mi lugar, a pocas cuadras de mi casa, que haga que me de miedo caminar por el mismo barrio por el que camino sin miedo hace casi 12 años.
Y sí, obvio, casi me meo del miedo, así que con una cara de pánico que el chabón pocas veces debe haber visto le dije "tomá, te doy mi celular, te doy la cartera, dejame sacar las llaves nada más...", a lo que el tipo me contestó casi compasivo (JÁ. sí, seguro) "No, no, dejá, el celular nada más".
Acto seguido le di el artefactito, me dí media vuelta y con las piernas flojitas, llorando como una boluda, hiperventilando y con el corazón que se me salía del pecho seguí caminando hasta la panadería que estaba a una cuadra. Entré, pedí un vaso de agua, me senté hasta estar segura de que si me paraba no me iba a caer y seguí las dos cuadras que me quedaban hasta casa.
Puedo haber sobre-reaccionado, pero el que me haya dicho "seguí derecho" y no "dame el celular" o "dame (cualquier cosa)" hizo que se me pasaran 20 millones de cosas por la cabeza, una peor que la otra.
Ahora lo pienso y el flaco no debía tener ni un palito en el bolsillo, lo que me llena de bronca. Pero lo que más me jode es que un pendejo de mierda (porque más de 25 no tenía), un forro que no tiene mejor cosa que hacer que buscar lo más fácil (porque ¿qué más fácil hay que una piba sola, con mi cara de boluda y poco más de metro y medio de altura?) para conseguirse un celular o lo que mierda sea que quiera (porque como "necesitar", no parecía que necesitara nada) me haga sentirme insegura en mi lugar, a pocas cuadras de mi casa, que haga que me de miedo caminar por el mismo barrio por el que camino sin miedo hace casi 12 años.
martes, octubre 05, 2010
Quiero un mimo,
que me descontracture lo que en este momento me queda de amor propio.
Chocolate con
Algo que salió así,
De pronto FLASH,
Esto no,
Fuck,
Murphy y yo
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